Publicado en Diario Gestión el 23/09/2026
Puede parecer una pregunta incómoda, especialmente si estamos contentos con nuestro trabajo y sentimos que tenemos una posición estable. Pero quizá justamente por eso vale la pena hacérnosla.
Una buena señal para saber si seguimos vigentes es cuánto nos llaman los head hunters o cuánto nos pasan la voz en LinkedIn para posiciones. Si nadie nos llama ni nos pasa la voz, quizá no somos tan atractivos para el mercado como pensamos. Y no es un tema de edad. Es vigencia.
Hay muchos mitos alrededor del trabajo. Uno de ellos es que después de los 40, 50 o 60 años ya no hay oportunidades. No es así. Si no estás actualizado, no hay trabajo ni a los 20. El mercado no premia la antigüedad por sí sola: premia la vigencia. Mantenerla exige estar atentos porque los requerimientos de las empresas cambian a enorme velocidad.
A veces el problema aparece precisamente cuando estamos bien. Estamos tan metidos en la organización, trabajando para ella ocho o diez horas al día y logrando buenos resultados, que dejamos de mirar afuera. Nos olvidamos de manejar nuestro perfil profesional, nuestra red de contactos y nuestra propia carrera, que es, al final, nuestro mejor negocio propio. De eso vivimos.
Y un día el trabajo termina. Porque todos los trabajos tienen un comienzo y un fin. Sea porque nos invitan a retirarnos o porque decidimos irnos, todo termina eventualmente. Puede ser en tres meses o en 36 años. La pregunta no es si ese día llegará, sino qué tan preparados estaremos cuando llegue.
Mantenerse vigente exige mirar alrededor. ¿Qué hacen quienes están creciendo profesionalmente? ¿A quiénes promueven? ¿Qué congresos, seminarios o cursos debemos seguir? ¿Cuánto más necesitamos saber sobre cómo aplicar inteligencia artificial? ¿Qué tan al día estamos en nuestra especialidad? La vigencia profesional no se presume: se construye.
Si vendemos nuestros servicios, esos servicios tienen que ser sí o sí de primera calidad. No podemos contentarnos pensando que eran buenos antes. Y “antes” puede haber sido hace apenas un año. Hoy todo cambia demasiado rápido.
Sí, mantenerse vigente es cansador. Es casi un segundo trabajo, pero debería ser una prioridad. Tenemos que preguntarnos cómo aseguramos que nuestra oferta de servicios y nuestro perfil sigan siendo relevantes para el mercado y, además, ojalá bien conocidos.
Eso no significa hacernos autobombo en Instagram o LinkedIn. Todo lo contrario. En LinkedIn lo importante es agregar valor: contribuir con algo que haga a otros mejores profesionales, los informes o les dé una perspectiva distinta. Pero también necesitamos estar presentes. Porque si el mercado no sabe lo que hacemos, difícilmente podrá pensar en nosotros.
Hoy tenemos nuevas herramientas. Podemos poner nuestro CV en una herramienta de IA, explicarle nuestra especialidad, nuestros logros, qué nos gusta hacer, en qué somos buenos, quién queremos ser y hacia dónde queremos ir, y preguntarle qué deberíamos aprender, desarrollar o cambiar para mantener nuestro perfil vigente. Y, por supuesto, empezar a hacerlo.
Podemos tener un cargo importante, una buena trayectoria y muchos años de experiencia, pero nada de eso nos libera de monitorear nuestro valor profesional.
Tener el currículum siempre actualizado es vital. No solo porque podemos necesitarlo en cualquier momento, sino porque nos obliga a registrar logros y cursos, y a revisar cómo avanzamos. Hay años en los que crecemos muchísimo y otros en los que, si somos sinceros, no avanzamos casi nada.
Al final, nuestra carrera es nuestra responsabilidad. Las empresas tienen su propia vida, sus decisiones y necesidades. No pueden garantizarnos un trabajo seguro porque ni siquiera ellas pueden garantizar su propia continuidad.
Por eso, no podemos esperar a estar buscando trabajo para preguntarnos qué queremos hacer, quién queremos ser y hasta dónde queremos llegar. Tal vez convenga empezar hoy con una pregunta mucho más sencilla, pero reveladora: ¿hace cuánto no me llama un head hunter?